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lunes, 12 de octubre de 2015

A SALAMANCA


Ha llegado la noche,
viene llorando,
libélulas de plata
está sembrando.
Mientras, la tuna
rompe con sus canciones
chorros de luna.

Cantan doradas piedras
hilos de cuento
y perfiles de historia
rozan el viento.
Rasgan sus almas
en rejas de clausura
mil y un fantasmas.

Cinco viejos relojes
tocan a brujas
señalando el camino
con sus agujas.
Los adoquines
rugen glorias pasadas
bajo chapines.

Viejas enredaderas
visten los muros
susurrando rosarios
de ojos oscuros.
Sueltan sus riendas
invisibles caballos
de las leyendas.



Duermen pesado bronce
los campanarios
mientras la bruma teje
finos sudarios.
Piedras bordadas
clavan burlas al tiempo
con sus miradas.

Iluminan callejas
negros faroles
salpicando en el aire
blancos charoles.
Llora la muerte,
que no mata el embrujo
de vida inerte

Baila la Plaza el corro
de medallones
y a mirar vienen siglos
por sus balcones.
Allá, en el río,
bañan las catedrales
su recio brío.

Rosaleda de hechizos
que al aire arranca
el oro de tus piedras,
¡ ay, Salamanca!,
que no hay poeta
que no sangre su pluma
con tu saeta.





Mª del Carmen Prada Alonso