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miércoles, 23 de septiembre de 2015

SIN ÁNGEL DE LA GUARDA


(Por todos los niños víctimas de abusos sexuales)

Le mira a los ojos, sonríe,
y posa en sus hombros las viscosas manos.
Queda quieto el niño.
Sus párpados se agitan nerviosos,
algo le dice que aquel abrazo
no es como otros.
Advierte a su lado el calor del infierno,
mientras el hielo le corta la piel.
Sus ojos abiertos, fijos en el aire,
ya no parpadean.
Paralizados preguntan al silencio
qué está pasando.
Su infancia, hecha añicos, cae en el suelo,
deprisa,
despacio.
Lo dejó solo su ángel de la guarda.
Su piel, antes dulce,
ahora rezuma un olor amargo.
Sus ojos perforan el suelo.
Se marcha arrastrando la nada que queda de él.
No se vuelve. En el patio
el balón se convierte en bola de hierro,
la ropa le huele a vergüenza.
En la pared, manchada de lluvia,
apoya su espalda.
Poco a poco sus piernas se doblan.
Así, sin alma, sin sombra, sin ángel de la guarda,
el niño quedó acurrucado.



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Mª del Carmen Prada Alonso