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sábado, 11 de abril de 2015

A MIGUEL ELÍAS, “EL PINTOR DE LOS MIL Y UN CUADERNOS”

Agazapas tu tibia mirada
en la huidez humilde de la grandeza,
y acaricias los blancos breves
a la espera del sexto día.
Espejas volátiles acordeones
de pinceles oníricos,
abrigados por la luz recién nacida.
Se vuelven tus retinas y te adentras
en el inquieto fluir de la mente,
punteada de abismos brillantes.
Bordas hebras de ojos rasgados
en los caminos santos que se ensortijan
en azulados azabaches,
a la espera del canto aún ignoto.
Más de mil y un árboles
florecen en tu mano,
con la fuerza del parto de los dioses,
y se hace la luz,
y el firmamento,
y los mares,
y las aves que pueblan los senderos vírgenes
que se asientan en el aire
de tus venas creadoras.
Contemplas dulcemente el todo anhelado
y perdonas el séptimo día,
en un regreso continuo al inicio hacedor.
Y en cada final,
la tibia mirada retorna
a la primera huidez humilde
del dios que no cesa.



Mª Carmen Prada Alonso