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miércoles, 19 de febrero de 2014

ODA A LOS HUEVOS FRITOS


Ya tengo delante el plato
con esas dos maravillas
de yemitas amarillas
que me miran hace rato.

La clara que las rodea
con su puntilla dorada
y esa blancura bordada
de regusto me marea.

Al lado del plato, el pan,
que espera pacientemente
a que yo le hinque el diente
como avariento donjuán.

Mas, esperaré un minuto,
porque antes de comerlos
he de recrearme en verlos,
que ya con eso disfruto.

Va mi mano temblorosa
acercándose al manjar.
¡Ay Señor, qué gusto untar!
¡qué sensación tan grandiosa!


Ya en la boca, ¡qué entusiasmo!
Esto de los huevos fritos,
lo dicen los eruditos,
es para morir de orgasmo.

Yo por mí sustituiría
el rezo del Padrenuestro.
¡Que sean huevos, Maestro,
lo que nos des cada día!.




Mª Carmen Prada Alonso.