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viernes, 25 de octubre de 2013

DESPERTARES

Entonces desperté. Y sentí ahondar en mi pecho el acero de saber que lo que momentos antes prometía ser eterna dicha, no fue más que ilusión de mis sentidos.
La pena de soñar felicidades es despertar al fin, y siempre, cuando el sueño es más dulce.
Y cuando mi razón, tras larga lucha con la esperanza de estar soñando lo cierto, me hizo ver la verdad cruda, el daño estaba hecho. Que hay heridas tan hondas en el alma, que dejan cicatriz. Y las cicatrices del alma, son eternas.


Mª Carmen Prada Alonso