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domingo, 30 de junio de 2013

Piropo ( A un toro de lidia)

           PIROPO

La luna rasga la noche,
rutilan los verdes pastos, antes sombríos, oscuros,
brusco se detiene el viento oyendo el tenue susurro
que desde el cielo recoge.
En la retorcida encina, la silueta recortada
rompe el lejano horizonte, perfecta, la cabeza alta.
Mientras su mirada busca el brillo acariciante,
 deja que bañe su pelo la aurora regalada
y mil estrellas  estallan en los redondos cristales.
- ¡Piropo!
-¿Quién me llama?
-Soy yo, la que rompes cada noche en la charca
cuando te acercas y bebes en las cristalinas aguas,
la que vuelve de nuevo cuando sacias tu sed
y te quedas mirando, extrañado, sin comprender nada.
Luego pateas y me haces pedazos, pero siempre vuelvo,
 redonda, brillante, cuando al fin te calmas.
-¿Dónde estás? No te veo, ahora no estoy en la charca.
-Arriba, en el cielo, sobre tu cabeza. Levanta tu morro,
¡arriba, Piropo, levanta!
Y la noche confunde los brillos, de la luna al toro,
del toro a la luna, haciendo camino,
y se inundan de luz las miradas.
-Mañana, Piropo, mañana, verás otro cielo.
-¿Mañana?
-Mañana. Por ti habrán estado bordando
hermosos capotes en oro y en plata,
y trajes de luces tan bellos que cada puntada
parece que haya sido hecha por miles de hadas. 
Por ti habrán llenado de las más bellas notas
tantos pentagramas
que podrían cubrir estos campos sin que se acabaran.
Por ti sonarán los clarines,
vibrarán los timbales, dolerán las palmas.
Por ti enjaezarán a las mulas,
cubrirán unos hombres de rosa sus piernas
y calzarán zapatillas bordadas,
sobre su cabeza, regias monteras,
 como alas de ángel lucirán sus camisas blancas.
Y habrá una plaza hermosa, redonda, toda engalanada,
 bellas mujeres con su piel tostada,
con blancas mantillas,
 muy bien maquilladas,
agitando en el aire sus finas puntillas.
Hombres con sus puros, reyes y plebeyos,
gentes de otros mundos.
-¿Por mí?
-Por ti.
 Saldrán a esa plaza
las mulas con bellos adornos, recién cepilladas,
caballos con gallardos jinetes,
sombreros redondos de marcadas alas.
Por tí brillará más que nunca ese cielo,
por ti egregias cuadrillas harán un hermoso paseo,
relucirán sus trajes con sus mil destellos.
Resonarán los aplausos en el adornado cerco
y todos los colores bailarán en el aire.
-¡Que bonito, luna! ¿Por mí todo éso?
-Por ti. Y más que bonito, bello.
Bellos enjaezados,
los sonidos bellos, bellos esos trajes,
los pañuelos blancos.Y luego…
-Sigue, luna, ¿y luego?
-Luego sentirás la puya,
el negro agujero,
correrá tu sangre hasta tus pezuñas,
clavarás tus cuernos con toda tu furia en un duro peto.
-¿Y luego?
-Luego sentirás que rompen tu cuerpo,
primero dos rotos, otros dos luego,
y luego dos más. Y se marchará el banderillero.
Irá tu sangre manchando la arena en un cruel reguero,
jaleará la gente el danzar del torero,
y tu corazón, cada vez más débil dentro de tu pecho,
se irá acelerando, latiendo, latiendo,
en última lucha por seguir viviendo.
-¿Y luego?
-Luego, brillará la espada
dándole a la tarde del sol el reflejo.
Mirarás abajo, donde el torero te pondrá el engaño.
Sentirás el acero entrando en tu pecho
hasta atravesarlo, y toda tu sangre estallará dentro.
Con suerte, todo habrá acabado.
Con suerte, estarás muerto.
-¿Con suerte?
-Con suerte. A veces falla al primer intento
y vuelve la espada, y vuelve el tormento,
la agonía vuelve una vez y otra, tres y cuatro veces,
y al fin, descabello.
-¿Por qué? ¿Por qué todo éso?
-Le llaman la fiesta, le llaman toreo,
le ponen medallas al arte en el ruedo,
lo plasman los grandes en hermosos lienzos,
le hacen poemas, honores y mil monumentos.
-¿Por qué?
-No lo sé, Piropo.
Infinitas noches llevo viendo al hombre y no lo comprendo.
Quizá desde siempre,
lo que da dinero deja de ser cruel para hacerlo bueno.
Las guerras, el hambre, la muerte,
tortura y miseria, tanto sufrimiento,
y al final del mismo
siempre está el dinero, el poder, la gloria.
-Pero…, no comprendo.
-Déjalo, Piropo. Te prometo
que mañana, al caer la tarde, yo estaré en el cielo.
Cuando brille tu sangre, cuando te rompa el acero,
cuando hayas hecho grande a tu verdugo, al torero,
subirás conmigo, y en la noche,
con tus finos cuernos,
cortaremos sombras, juntos brillaremos,
besaremos dehesas, encinas y cerros,
beberemos en charcas,
yo, toda de ti presa, tú, todo de mi preso.
Y desde entonces la luna
luce en el cielo dos cuernos.

Mª Carmen Prada Alonso