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miércoles, 10 de octubre de 2012

EL INFANTIL GRITO



EL INFANTIL GRITO
Noche, amiga, encubridora, telón para muchos de sus suertes o sus males, pero siempre, telón donde agarrarse. Solo unos pocos, unos nadie, te miramos de reojo, sin la pluma, sin el sueño, sin mirarte. Somos esos nadie que en nadie nos volvemos cuando llegas, ésos que, al acercarte, caemos como lienzos de fantasmas.

Nos desnudas y te sientas a mirarnos, implacable, fría, madrastra horrible de cuento que no acaba. Entonces, palpitantes de ese miedo, tu mirada se nos mete como helado cuchillo en la piel, y la angustia, el terror, la impotencia, aprietan como cercos de fuego nuestra débil garganta, ahogando con crueldad el infantil grito, el grito del miedo.

Y en ese instante, vemos las locuras que llenan nuestra vida, nuestra pálida tez enrojece y nuestros ojos, al cerrarse, intentan cerrar con ellos nuestras culpas. Luego juramos que mañana cambiaremos, distiende nuestro rostro la promesa del camino nuevo, alzamos valientes la mirada a tu mirada, y pasa el miedo.

Amanece y te vas, pesadilla de conciencias confundidas, espejo de los eternos nadie que te odiamos y tememos. Y en la primera luz que te vence,  hacemos nuestra la victoria, nuestros miedos se van contigo. Nuestra voz se pierde tras de ti, no nos oyes, no te vuelves, y el eco que queda del infantil grito, llega tarde.

Pero llega, y tu regreso es entonces aún más cruel que el de ayer, nos invade de nuevo el sudor frío, el fuego atenazante, y se nos enreda en los labios la eterna promesa no cumplida, la repetimos, suplicantes, como niños asustados. Otra vez somos nadie.

Noche, ¿por qué?, ¿por qué en lugar de madrastra no eres madre?




Mª Carmen Prada Alonso