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sábado, 22 de septiembre de 2012

La incultura general

El Bachillerato de mi época, (aquel  con el que el nombre propio adquiría el Don) era otra cosa. Los conocimientos adquiridos en aquellos años para poder acceder a la Universidad, incluían saber hablar, expresarse correctamente, hacer el uso debido de la Lengua, porque si no se conoce bien la Lengua no se puede asimilar ningún conocimiento. Eso, y lo que se llamaba y llama cultura general en todas las materias. O sea, saber de todo para luego poder especializarse en lo que cada uno quisiera. Pero con los cimientos bien puestos.
Increíblemente, lo que para nosotros era elemental, ahora es estar en números rojos, tanto en Gramática como en Geografía, Historia, Literatura, Matemáticas, etc.
Pocos saben hacer las operaciones básicas sin calculadora, desconocen la mayoría de las capitales europeas, y si vamos a las de otros continentes, en blanco total. De escritores conocen los actuales más oídos y poco más, en fin, discos duros cuyo inmenso espacio está ocupado por el facebook, el tuenti, el twitter, el pen drive, Google, la informática de usuario y poco más.
Pero lo más desastroso es el desconocimiento de la Gramática, y por ende, del lenguaje, incluidos los que debieran ser transmisores del buen uso de la palabra: televisión, radio y prensa.
Ahora no se dice “detrás de mí”, sino “detrás mío”, ni “delante de ti”, sino “delante tuya”, (lo del femenino o masculino no he llegado a saber cómo lo aplican). Desconocen que “delante de” y “detrás de”, son inseparables y no se puede coger el de, y juntarlo con el mí, para hacer mío.
Espalda solo tenemos una, pero dicen “a mis espaldas”; leísmos, loísmos, laísmos, dejasteS, cogisteS, llevasteS, previnió, abarruntar, vamos que no salvan nada.
La incultura general se palpa en todos los sectores, pero donde más canta es en políticos, presentadores de televisión, locutores, participantes en debates sobre cualquier cosa, en fin, sembradores de palabras que apedrean el diccionario y colaboran a que nuestro lenguaje cada día esté más defenestrado.
Para esto sí que debiera haber censura y no permitir que se sigan cometiendo desatinos lingüísticos. O al menos intentarlo.


Mª Carmen Prada Alonso